Música Llanera

Damaso Figueredo

  •  Del estado Guárico es este cantautor venezolano.

    Damaso Figueredo: Del estado Guárico es este cantautor venezolano.

Hijo de don Antonio Robles y María Nicomedes, nació en el año de 1939 en el hato “Merecurito”, Guardatinajas, estado Guárico.

Don Dámaso Figueredo, importante exponente de la canta llanera del tipo "veguero". Sus canciones se caracterizaron por ese toque criollo auténtico, donde las letras se entrelazaban buscando la picardía, malicia, “chispa” y humor del llanero. Abundan en la letra de sus canciones los refranes criollos, en ellas nos contaba historias que giraban en gran medida en temas como la infidelidad, el amor en parejas de distintas edades, embarazos escondidos, pero también de las realidades sociales. Los títulos de sus canciones reflejan su estilo: "Cuando el Pobre Lava Llueve", "La Novia Fajada", "Ni en Compadrazgo ni en Primo", "La Hija Catira" "Mi Mujer se fué con Otro", "Me la quitó un Bodeguero", "Ando Buscando una VIuda""Lo que yo le pida, déme", "Las Viejas tienen su Historia" y por allí muchos nombres similares, pues este artista grabó muchos discos con grandes éxitos, entre los que destacó la "Historia de las Galeras del Pao". En las artes del contrapunteo, también resaltó en compañía de importantes copleros, pues su facilidad de improvisación era notoria.

No nos ha sido posible ubicar una reseña biográfica formal de este artista, sin embargo contamos con una poética reseña, denominada Voz de Barranco y Sabana, escrita por Alberto Hernandez y publicada en el Blog, San Juan de Los Morros, de la cual tomaremos algunos fragmentos:

"Seguramente cantaba algún pájaro sabanero en el momento del alumbramiento de María Nicomedes, allá en el hato “Merecurito” en 1939, y de seguro fue así porque la criatura –pocos años después- comenzó a imitar el canto, los tañíos y las distintas voces del monte, ese tan amado y tomado de sorpresa por el niño Dámaso Figueredo, hijo de José Antonio Robles.
En las luces de adentro, en los rastrojos y apagados fogones de la sabana. En la marca del oso hormiguero, o en la mirada del cunaguaro, en la niebla del miedo, donde la cacería y el arreo imperan, Dámaso advirtió la danza de la canoa y la fiebre nerviosa de su río Tiznados, una mancha serpentina –casi detenida- que el llano atajó en Guardatinajas."

"A la señal de la mirada, majado el becerro: la voz en falsete por ser muchacho “sin garganta aún”, Dámaso pasó alambres por lo bajo y supo de los atascos de animales en los barrizales del Tiznados, por los lados de “las Ventanas”, llamado sitio de Pueblo Nuevo, por ese afán de aventura pionera. La copla y la fiesta en los patios tenían en este hijo del campo, terreno abonado para el desafío del verso improvisado. Cómo lo miraría la madre o el viejo Robles al entonar con voz recia la rutina de la faena, o los sinsabores de una dolencia, en medio de los caminos solitarios, llenos de sol o luna, señales para el largo trecho del silencio. Cómo se descubriría él mismo sacando el grito, la voz que corre sobre la piel del caballo, o sobre los saltos de la canoa que cruza sigilosa el lomo pesado de esa culebra amarilla, o los barrancos de La Atahona. El diablo de Florentino lo retó varias veces. Dicen que Agapito Medina podía dar fe de este asunto."

"Dámaso pudo decir –como lo dijo- que era hijo de la tarde, porque de ella venía, como en el poema de Vicente Gerbasi, venido de la noche. Viene desde La Atahona, con la fresca conversa de Gregorio Jiménez, Ignacio Parra y otros agricultores que hicieron horas sobre el surco, bajo sol inclemente de Guárico. Pero faltaba mucha historia para encontrarlo en Aragua. Faltaba mucho oírlo cantar con ese dejo mesurado, alejado de abusos contra su campesina tenencia, para decir desde la desnudez de su origen: “Viene cayendo la tarde en Guardatinajas”, y despedirse y hacerse leyenda en esquinas y madrugadas, en su veguera insistencia."

"Las cuerdas de Lionzo Vera, Cándido Herrera y Eladio Bolívar llevaron por esos pueblos fiesta y bordón en la aguda mirada de Dámaso y Rafael Martínez, Rafael Bastidas, María Carrizales para el contrapunteo, ese entre la vida y la muerte, para descifrar también a Orlando Araujo, llanero del piedemonte barinés."

"El camino postrero de Dámaso Figueredo se leía –el tiempo y el descuido lo borraron- en la puerta de entrada a Guardatinajas: “La soga que se revienta corriendo mismo se empata”, la metaforización de un silencio que tiene continuidad en cada verso que se oye por allí, desgaritado en plena sabana, como buscando gente, como buscando el río."

Seleccionamos dos canciones demostrativas del estilo de Don Dámaso, tanto en letras como en términos y en posteriores entradas colocaremos algunas más. Confieso que pensé en colocar el significado de muchas de las palabras existentes en las canciones, para aquellos que no están familiarizados con el lenguaje y pronunciación del campesino llanero, pero al final, decidí dejarlo tal cual se grabó pues esa es precisamente la esencia del canto veguero. Algunas palabras definitivamente no las entendí, por lo que dejo los espacios para completarlos con la ayuda de alguno de ustedes.

Vía: Vivencias llaneras del abuelo